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Torreón de Urkulu

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Entre Roncesvalles y el puerto de Azpegi, a 1.420 metros de altitud, se alzan las ruinas del torreón de Urkulu, uno de los símbolos más antiguos de la frontera pirenaica.

Hoy, el pincipal paso fronterizo del Pirineo Occidental se encuentra en Irún, cerca de la costa cantábrica. Hace 2000 años sin embargo, la mayoría de los flujos transpirenaicos (rutas comerciales, militares, religiosas, etc.) atravesaban por el corazón del Pirineo navarro, entre Roncesvalles y Orbaitzeta. Por estos desfiladeros, rodeados de montes de más de mil metros del altitud, iba la calzada romana de Burdeos-Astorga, que pasa también por Pau y por Pamplona. Esta ruta antigua coincide a partir del siglo XI, con el Camino Alto de Santiago, el cual parte de Donibane Garazi (San Juan de Pie de Puerto), y asciende por el collado de Bentartea (1.409 metros), para llegar desde aquí a Roncesvalles entre Astobizkar (1.506 metros) y Ortzanzurieta (1.569).

Un monumento romano
Situado en término de Orbaizeta (valle de Aezkoa), entre las mugas 205 y 206, el monte Urkulu es visible desde las rutas y caminos antiguos que atraviesan esta zona. Esta pudo ser la razón de que se construyera aquí la torre circular que corona la montaña.
El torreón es uno de los pocos monumentos de este tipo que quedan en Europa. Aunque no existen pruebas definitivas de su origen, se trata probablemente de una torre romana conmemorativa de la incorporación al imperio de la Hispania y la Galia, tras la conquista de Aquitania, en el siglo I antes de Cristo.
«Desde luego, el torreón está bien diseñado, y está construido en seco, no con tierra, ni con cal, o con cemento como se hizo después, lo cual hace pensar que se trata de una estructura típicamente romana», dice el historiador aezkoano Jose Etxegoien.
El posible origen romano del torreón está avalado también por los arqueólogos María Ángeles Mezquíriz y Jean Luc Tobie, autores de una excavación hispanofrancesa realizada en Urkulu entre 1989 y 1990.
Según María Ángeles Mezquíriz, la función de estos monumentos era «recordar los límites del territorio pacificado y el poderío militar del pueblo romano». Generalmente, este tipo de monumentos solían erigirse al final de una conquista victoriosa, y su emplazamiento solía coincidir con una frontera política o natural, como es el caso de los Pirineos.

Atalaya fronteriza

Hoy, se puede llegar hasta Urkulu por la carretera que sube desde la fábrica de armas de Orbaitzeta hasta el puerto de Azpegi (muga 212), y rodear por territorio francés hasta llegar al paraje de Arnoztegi (muga 205), desde donde se inicia el ascenso (unos treinta minutos). Otra forma de subir a Urkulu -la más habitual por parte de los montañeros de este lado-, es tomar la pista que parte de la fábrica de Armas de Orbaitzeta, y ascender hasta el refugio de Azpegi, donde se abre a la izquierda la senda que lleva a las faldas de Urkulu por el collado de Soroluze.
Aunque es más largo el camino (alrededor de dos horas, desde la fábrica, o una hora desde el refugio de Azpegi), este ascenso permite contemplar un hermoso paisaje salpicado de monumentos megalíticos. Los más conocidos son los cromlechs de Azpegi y el dolmen de Soraluze, pero hay otros muchos que demuestran que esta zona estuvo habitada por humanos hace varios milenios.
Las vistas, desde la cumbre, son espectaculares. En línea recta, por el oeste, la costa cantábrica queda a 56 kilómetros, y en días claros, se divisa con nitidez el faro de Biarritz. Por el noreste, tras la mole de Errotzate, asoma la cumbre del pico de Ori. Y por el sur y sureste, se ven el monte Ortzantzurieta, la fábrica de armas y la sierra de Berrendi-Abodi.

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